Desde la psicopedagogía, acompañar a adolescentes con autismo en el desarrollo de habilidades de la vida cotidiana implica comprender que estos aprendizajes no se adquieren de manera espontánea, sino que requieren enseñanza explícita, práctica sostenida y un entorno que favorezca la autonomía. Estas habilidades —como la organización personal, la higiene, el manejo del tiempo o la participación en tareas del hogar— son fundamentales para su bienestar presente y su proyección hacia la vida adulta.
En este proceso, resulta clave promover una autonomía progresiva, enseñando cada actividad paso a paso y respetando el ritmo individual. Dividir las tareas en pequeñas acciones facilita la comprensión y reduce la frustración. A su vez, el uso de apoyos visuales —como listas, secuencias o recordatorios— contribuye a organizar las rutinas diarias, anticipar lo que va a suceder y brindar mayor seguridad.
Otro aspecto fundamental es la práctica en contextos reales. Involucrar a los adolescentes en actividades cotidianas del hogar y la comunidad favorece la generalización de los aprendizajes y fortalece su sentido de pertenencia. Del mismo modo, el reconocimiento de los logros, por pequeños que sean, resulta esencial para sostener la motivación y construir una autoestima positiva.
Por último, es importante acompañar el desarrollo de la flexibilidad y la resolución de situaciones nuevas, ofreciendo guía y modelado, pero evitando la sobreprotección. El objetivo no es la perfección, sino brindar herramientas que les permitan desenvolverse con mayor independencia y seguridad.
El rol de la familia es central: un acompañamiento paciente, claro y respetuoso marca la diferencia en el recorrido de cada adolescente.
Mariel Elizabeth Molina
Lic. en Psicopedagogía.
Mg en Neurología Pediátrica y Neurodesarrollo.
MP. 126264