Pensar la identidad implica alejarse de la idea de algo fijo o dado de una vez y para siempre. Por el contrario, se trata de una construcción que se va entramando a lo largo de la historia de cada sujeto. En este proceso, la adolescencia se presenta como un tiempo de crisis, movimientos, de reorganización subjetiva y de búsqueda de nuevos soportes identificatorios que se tejen en el vínculo con otros (grupo de pares).
Durante la adolescencia, la música ocupa un lugar central en los procesos de construcción subjetiva. No se trata únicamente de un consumo cultural ni de una preferencia estética, sino de una forma de expresión que permite decir algo de sí cuando las palabras aún no alcanzan. Desde una perspectiva psicoanalítica, puede pensarse que la música se constituye como un dispositivo de expresión subjetiva y de inscripción en lo social. A través de ella, las y los jóvenes ensayan identificaciones, tramitan afectos y producen sentidos y códigos propios frente a un mundo adulto que muchas veces les resulta ajeno. Es tal lenguaje común el que habilita encuentros, pertenencias y la posibilidad de compartir emociones, malestares y preguntas propias de esta etapa.
Es esperable que, desde el mundo adulto, encontremos sonidos, letras o canciones que nos resultan indescifrables y que sean elecciones musicales de las juventudes o por las cuales se sientan representados/as. La distancia entre los gustos juveniles y los del mundo adulto cumple una función estructurante: diferenciarse es una operación necesaria para el cuidado y la afirmación de una identidad en construcción.
No es nuestra función como adultos comprender ni saber todo sobre el mundo joven. Pretender hacerlo puede transformarse, incluso sin intención, en un intento de control sobre aquello que necesita permanecer como espacio propio, en constante movimiento y transformación. Una posición de escucha, interés y reconocimiento de sus códigos (sin invadir ni descalificar) habilita posibilidades de diálogo y vínculo intergeneracional.
Reconocer ciertos géneros musicales (trap, rap, reggaetón urbano, cumbia RKT, fusiones de rock/pop/electrónica) como lenguajes propios de las juventudes, como una forma de decir, de elaborar emociones y de producir lazo social es una de las maneras de acompañar y promover la salud y los derechos de las y los jóvenes de nuestra ciudad.
Corinaldi Sofía
Lic. en Psicología, M.P.1711
Especialista en Psicología Social y Comunitaria